¿Atraer y retener el talento, o cultivarlo?

Estoy segura de que todos estamos de acuerdo con la idea de que lo más importante en cualquier organización son las personas, y que, sin ellas, sencillamente, no hay empresa. Cómo atraer y retener el talento para conseguir ese maravilloso conjunto de seres humanos que la componen y que son los que le imprimen el carácter, el tono, la calidad y, por supuesto, la calidez, es una de las claves del éxito. La misma empresa, con distintos equipos, consigue resultados diferentes, aunque éstos compartan igual misión, visión y objetivo. Tal es su fuerza y su poder. 

Sin embargo, a pesar de que todos estamos de acuerdo en este principio fundamental, tengo la sensación de que nos hemos perdido en el camino. Soft skills, inteligencia artificial, reskilling, empowerment, agile, son cientos los conceptos que están de moda y que llenan páginas y páginas de estudios, formaciones, encuentros virtuales, congresos… ¿Sinceramente?, debo confesar que a mí todo eso me lleva a pensar, y a sentir, que cada vez somos más recursos y menos humanos.

Todo eso me lleva a pensar, y a sentir, que cada vez somos más recursos y menos humanos.

Talento

Yo no creo que el problema sea que no hay talento. Creo, mejor dicho, sé que lo hay, y mucho, pero ¿no será, acaso, que no lo vemos? En mi opinión, tristemente, muchas veces, lo que tenemos más cerca es a lo que menos valor le damos. Así que ¿tal vez necesitamos gafas? ¿O buscar cosas distintas? O ¿qué tal, si cambiamos nuestra forma de buscarlo?

En mi opinión la clave no es cómo atraer y retener el talento (son las palabras más repetidas asociadas a este concepto, es pura estadística y debo decir que me dan cierto repelús). Porque para mí, el talento, hay que cultivarlo. 

Sí, como harías con una planta: coges una semilla del fruto que quieras conseguir, la plantas , la abonas, la riegas, la proteges de los insectos, la intemperie y las plagas, y, si haces bien todo eso (y algunas cosillas más), obtienes el fruto. Y la mayoría de las veces ese fruto es mejor de lo que esperabas. Y aún más: dentro tiene más semillas que podrás plantar y cultivar y te darán más y más frutos que os ayudarán a todos a crecer.

Parece sencillo, ¿verdad? Pero no lo es. Porque ¿cómo se cultiva el talento? ¿Dónde encontramos esas semillas mágicasque nos darán esos frutos tan fantásticos que superarán nuestras expectativas? Pues, para empezar, creo, sinceramente, que estamos tan acostumbrados a pedir que nos hemos olvidado de dar.

Los anuncios donde se busca el talento, permitidme que lo diga sin rodeos, a veces dan miedo: pedimos tantos y tantos y tantos requisitos (¡algunos, incluso, incompatibles entre sí!) que resulta imposible que nadie los cumpla, y si alguien lo hiciera: ¿por qué debería escoger tu empresa, si no se lo dices y solo pides y pides y pides?

Para mí la clave no es cómo atraer y retener el talento. Para mí, el talento, hay que cultivarlo. 

Y me dirás: “Si que le doy, en el anuncio de empleo he puesto lo que va a ganar”. Pero yo no me refiero solo al salario, que claro que es importante, pero no lo es todo ¿no crees? Te pregunto: ¿has puesto en el anuncio alguno de los valores que tiene vuestra empresa y que os hacen distintos? Y más importante aún: ¿te has puesto en el lugar de la otra persona, esa a la que quieres atraer? ¿Sabes qué valoraría, qué sería tan importante para ella, como para plantearse dejar su empresa e irse a la tuya? Seguramente, si eres sincero, la respuesta a esa pregunta es no.

Además, demasiado a menudo, buscamos fuera de casa lo que tenemos dentro. La mayoría de las veces, en nuestra propia organización, tenemos lo que tanto estamos buscando y nos cuesta encontrar. 

Estamos tan acostumbrados a ver a nuestra gente haciendo siempre lo mismo que nos cuesta verlos haciendo otra cosa.

Busca el talento

Estamos tan acostumbrados a ver a nuestra gente haciendo siempre lo mismo que nos cuesta verlos haciendo otra cosa. O bien, son tan buenos en su trabajo que ni nos planteamos moverlos de ahí, no vaya a ser que estropeemos una cosa para arreglar otra. O tal vez ni siquiera lo hemos pensado: nos dedicamos a buscar fuera directamente, sin perder ni un minuto de nuestro tiempo en pensar en las personas del equipo y en todo su potencial.

Hay diamantes a nuestro alrededor, algunos más en bruto que otros, eso es cierto, pero diamantes, al fin y al cabo. Diamantes que se pueden pulir y que pueden llegar a brillar mucho más que los que puedes comprar en la joyería más cara de la ciudad. El talento es algo vivo, algo que puede y debe crecer.

Ayudar a alguien a desarrollarse profesionalmente, a que exprima al máximo sus recursos y que alcance todo su potencial, es difícil y lleva tiempo. Lo sé. Pero ¿sabes, que además de gratificante, todos los beneficios que aportará a vuestra empresa?

Para descubrirlos solo tenemos que mirar con otros ojos a nuestro alrededor. Ese administrativo en el que todos confiáis porque hace con gran excelencia su trabajo, y al que todos recurren cuando tienen cualquier duda ¿no crees que podría ser un gran jefe de equipo? O ese comercial que no solo vende si no que es al que los demás recurren cuando no saben cómo llegar a un nuevo cliente, ¿no tiene potencial para ser tu futuro director comercial?

Lo dicho: mira, pero desde otra perspectiva, abstráete del día a día, y trata de aislar cada habilidad de esas personas que te rodean y dónde podrías sacarles más partido.

Tampoco se trata de que te conviertas en un investigador que trata de descifrar los talentos ocultos de los demás. Prueba, equivócate, dales alas y razones para volar y probar. Expón a los miembros de tu equipo a diferentes situaciones, no les encasilles y dales de vez en cuando un reto distinto del habitual, sácalos de su zona de confort, y observa sus reacciones. Busca sus motivaciones, qué les apasiona y, por tanto, lo que podrían llegar a hacer en el futuro.

Porque no debemos olvidar algo muy importante: no hay talento sin esfuerzo. Y ese esfuerzo debe ser por parte de todos, del talentoso y de la organización.

Ten en cuenta, además, que cuando descubramos alguno de esos diamantes nos va a tocar dar: sí, dar formación, apoyo, experiencia, tiempo, recursos, acompañamiento. Todas esas cosas que no solemos hacer o que hacemos en pequeñas cantidades. Porque no debemos olvidar algo muy importante: no hay talento sin esfuerzo. Y ese esfuerzo debe ser por parte de todos, del talentoso y de la organización. Ha llegado el momento de dejar la tacañería a un lado, de dejar de pedir y empezar a dar a manos llenas, de apostarlo todo por esas personas que pueden llegar a hacer aún más grande la empresa.

Según mi experiencia, hay tres elementos principales para cultivar el talento de manera adecuada: la motivación, el entrenamiento experiencial, y, por supuesto, un guía que ayude en el camino a recorrer.

Está claro que si no queremos no podemos, así que la motivación es fundamental en cualquier actividad que desarrollemos, pero lo es aún más si lo que buscamos es superarnos y llegar a otro nivel.

Se requiere tiempo, esfuerzo y trabajo duro así que quien sea a quien hayas descubierto y decidas invertir en aumentar su talento tiene que amar lo que hace o caerá pronto en el desanimo y abandonará. Tiene que estar seguro de que eso es lo que quiere, de a dónde quiere llegar y, muy importante, debe tener claro qué está dispuesto a hacer, a sacrificar, para conseguirlo.

Entusiasmo

Busca gente que contagie el entusiasmo, que lo dé todo en todo momento para conseguir sus metas. Gente que se divierta haciendo las cosas, que disfrute cada situación, que las viva con intensidad. Gente que sonría. Gente feliz y que transmita alegría.

Esto es algo que a veces olvidamos en las organizaciones, que se convierten al algo demasiado formal y estricto.

Busca gente con habilidades más que formación reglada. Personalmente, considero que demasiadas veces primamos más que tengan un título universitario que la actitud y la intensidad adecuadas.

¿Sabes qué? Economía, informática, programación, administración, cálculo, hay mil cosas que se pueden aprender trabajando día a día. Llevará más o menos tiempo, pero se pueden aprender. ¿Sabes lo que no se puede enseñar? La pasión. Eso es algo que tiene que venir de serie.

Todo talento requiere un entrenamiento intenso. Pregúntale a cualquier deportista de élite: Rafa Nadal o Cristiano Ronaldo son grandes ejemplos de esto. Cuando todos los demás se retiran a descansar después de una dura sesión de entrenamiento, ellos siguen entrenando. A pesar de ser los mejores del mundo en su campo, siguen entrenando, y lo hacen más horas y con más intensidad que los demás.

Así que, sí, tienen un gran talento mundialmente reconocido, pero son conscientes de que, si no lo entrenan, si no lo cultivan a diario, ese talento se pierde. Y lo hacen porque les gusta: nadie les obliga a ello. Así que, por favor, sigue su ejemplo y entrena el/los talento/s de tu equipo.

¿Sabes lo que no se puede enseñar? La pasión. Eso es algo que tiene que venir de serie.

Por supuesto, necesitas buenos maestros que les ayuden y les enseñen a cada paso. Necesitas entrenadores de talento: personas que sepan entender el talento del otro, que sepan encender la pasión en ellos y que usen la actitud positiva y la alegría para convertir el esfuerzo y la intensidad en algo no frustrante sino en algo divertido y motivador. Y, muy importante, que sean generosos y se alegren más por el éxito de los demás que por los propios.

Hay estudios que demuestran que la mayoría de los atletas con grandes marcas son los pequeños de la familia: corrían como locos para alcanzar a sus hermanos mayores. Otro estudio demuestra que los mejores pianistas se iniciaron con profesores muy corrientes pero entusiastas y cariñosos.

Otro ejemplo deportivo es Brasil, de donde salen muchos de los mejores jugadores de fútbol del mundo. La explicación, según los expertos, es que allí se juega mucho al fútbol sala, donde el juego está más comprimido, se toca la pelota un 600% más que en campos grandes, la pelota es más pequeña y por tanto se cometen más errores. Pero todo ello hace que se activen los circuitos cerebrales con mucha más frecuencia. Es decir, aprendemos a partir de los errores, porque sin ellos no avanzamos. 

¿Sabías que tenemos 150.000 kilómetros de circuitos en nuestro cerebro? Pues lo que hacemos con esos circuitos depende de nosotros: enciéndelos todos para conseguir entrenar el talento.

¿Por qué hablo ahora de errores? Pues porque cuando cultivamos talento desde su inicio es muy posible que nos equivoquemos, que quién creíamos que podría llegar lejos se rinde a la primera de cambio o no se esfuerza lo suficiente. Evaluar y seleccionar a gente con poca experiencia, que en muchos casos aún tienen que madurar a nivel personal debido a su juventud no es fácil, y, por tanto, ya lo aviso, fallaremos.

Eso no debería desanimarte. Tengo un colega que dice que según su experiencia se equivoca en la selección un 50% de las veces, así que cuando necesita cubrir un puesto contrata a dos candidatos, y, de esta manera, cree que se asegura el 100% del éxito. Yo no te recomiendo esta técnica, pero sí que no seas tú el que te rindas, que no desistas, porque si continúas, si perseveras en esta misión, tendrás éxito. Y entonces, podremos dejar de quejarnos de cómo atraer y retener el talento.

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