Hay gente que cae mal, pero tú no tienes por qué ser uno de ellos

cae bien

A todos nos ha pasado alguna vez que cuando conocemos a alguien nos cae mal de inmediato. Es algo instantáneo, un clic en tu cabeza hace saltar un rechazo visceral y nos impele a alejarnos, lo más que podamos, de esa persona. ¿A que a ti también te ha pasado?

Puede ser su expresión no verbal, pueden ser las facciones duras de su rostro, puede que te haya gruñido en lugar de saludarte educadamente, o puede, incluso, ser su olor (y no tiene por qué oler mal) lo que te disgusta.

Pero la realidad es que ese clic del rechazo express existe y, la verdad, yo no conozco a nadie a quien le guste caer mal. De hecho, a todos nos gustaría ser más simpáticos, porque asociamos la simpatía con aspectos positivos como el éxito, la atracción, el deseo, la energía positiva, la magia, la diversión, la alegría.

Ser simpático, en contra de lo que puedas creer, no significa ser gracioso: no tienes que ser el mejor contando chistes de Lepe. Ser simpático es mantener una actitud positiva y afrontar el día a día con una sonrisa. Ser simpático es ser agradable con los que están a tu alrededor. Ser simpático es tratar de generar espacios de alegría a los demás. Ser simpático es transmitir buena onda a aquellos que están junto a ti. Y para conseguir todo eso no tienes que saber contar chistes.

Las características que más se repitieron a la hora de definir a una persona como simpática fueron sinceridad, transparencia y empatía. Y esto sí se puede aprender".

Muchos creen que se nace simpático, que es algo innato y que no se puede hacer nada para conseguirlo. A esas personas dejadme deciros que estáis equivocados. Un estudio realizado por la Universidad de California evaluó casi 500 descripciones de personas basadas en su percepción de la simpatía. Y hete aquí, que las más destacadas nada tuvieron que ver con ser sociable, inteligente o atractivo. En realidad, las características que más se repitieron a la hora de definir a una persona como simpática fueron sinceridad, transparencia y empatía. Y esto sí se puede aprender.

¿Qué más puedes hacer para resultar simpático? Aquí van algunos consejos:

  • Sonríe. Es el punto más importante: la sonrisa se contagia, y es tan poderosa que, aunque llevemos mascarilla, o hablemos por teléfono, somos capaces de distinguir cuando alguien nos está sonriendo. Tal es su poder y su poderosa magia.
  • Escucha en vez de oír: escucha activamente, demuéstrale a quien te está hablando que estás prestando atención a lo que te dice, por ejemplo, haciéndole preguntas.
  • Muéstrate como eres, sin artificios ni disfraces. No trates de aparentar ni te escondas.
  • Debes ser feliz para transmitir felicidad a los demás, así que quiérete y siéntete bien contigo mismo, porque eres perfecto, aún con tus imperfecciones y tus cicatrices.
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  • Llama a la gente por su nombre. No hay nada peor que darte cuenta de que quien te habla no sabe quien eres (¿a ti también te ha pasado?). Además, mucha gente se siente invisible: que sepan que tú los reconoces despertará en ellos un sentimiento de simpatía hacia ti imparable. Y si lo olvidas di algo como: “Me he sentido muy a gusto hablando contigo. Soy muy malo para los nombres pero no quiero olvidarme el tuyo. ¿Te importaría decírmelo otra vez, por favor?”.
  • Dale al otro su espacio, no trates de ser el protagonista. Ser simpático no implica hablar por lo codos o cuando no te corresponde. Al contrario, es hacer sentir al de enfrente que lo ves y que lo tienes en cuenta.

Tus gestos, tu mirada y el tono de tu voz también hablan de ti: úsalos en tu beneficio".

  • Usa también tu cuerpo para mostrar interés, como inclinarte hacia adelante cuando te hablan o mover la cabeza afirmativa o negativamente. Tus gestos, tu mirada y el tono de tu voz también hablan de ti: úsalos en tu beneficio.
  • Hablando de mirada, mantén el contacto visual. No solo los niños pequeños necesitan que los mires cuando te hablan, a los adultos también nos pasa. Es muy desagradable hablar al cogote de alguien.
  • Buscar puntos en común con la otra persona nos ayuda a conectar. Encuentra qué te puede unir más a esa persona y explóralo. Pueden ser aficiones, valores o simplemente la familia o el trabajo. Eso sí, no le des la razón como a los tontos. Es algo que se nota y que produce ese clic de rechazo express del que hablaba al principio.
  • Esmérate en causar unas buenas primera y última impresiones. Sí, la última también es importante. Para la primera un buen apretón de manos y una sonrisa son imprescindibles. Para la última, puedes, por ejemplo, mostrar interés en mantener el contacto. Eso halagará a la otra persona y le demostrará que has estado pendiente de ella.
  • Puedes tener preparados algunos inicios de conversación, para evitar un incómodo silencio inicial. Dejando aparte el tan manido tema del tiempo, una forma de empezar una charla puede ser pedir consejo sobre algún tema inocuo. Eso sí, te aconsejo que evites como sea la política y que los dejes para cuando seáis más amigos.

Y por supuesto, siempre, siempre, siempre, deja de lado el móvil. Que estés más pendiente de tu smartphone que de la persona que tienes delante solo traerá mal rollo y eso es justo lo contrario de lo que queremos. De hecho, te voy a contar un secreto: hay un botón en tu teléfono que muy poca gente conoce, y que si lo aprietas y lo mantienes durante un rato te convierte en alguien un poquito mejor. Es un botón, (una pista es que suele ser de color rojo), que pone Off. Úsalo, te sorprenderá lo que ocurre a tu alrededor.

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